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Al sur del mar Egeo, en el corazón de las Cícladas, se encuentra uno de los rincones más bellos y románticos de Grecia, conocido por sus espectaculares puestas de sol. Se trata de la isla de Santorini. Sus orígenes volcánicos han sido los responsables de su orografía actual y es que una fuerte explosión que tuvo lugar en torno al 1600 AC hizo que parte de su territorio quedara sumergido bajo el agua y que se creara una gran caldera geológica natural. ¿Otra curiosidad? Su nombre actual proviene del italiano y se lo otorgaron los mercaderes venecianos, significa Santa Irene.
Si se quiere hacer un recorrido por los puntos clave de la isla, lo ideal es comenzar por la capital, Thira. Situada sobre un acantilado, la mejor manera de acceder a ella desde la playa es a través del funicular o bien montado en uno de los típicos burros. Los más deportistas pueden subir los cientos de escalones que conectan el puerto con la ciudad. Allí, puede darse una vuelta por sus laberínticas calles salpicadas de puertas y ventanas de intensos colores, visitar los comercios (sobre todo los de joyería) y disfrutar con la vista de las iglesias blancas con cúpulas teñidas de azul.
Si después de conocer Thira queremos darnos un baño y tomar el sol, podemos dirigirnos a cualquiera de las playas de la isla, aunque entre las más conocidas están las de Perissa, Kamari, Perivolos o Almira, todas ellas de arena negra. Las dos excepciones se encuentran en Kokkini Amos, con arena roja y en Aspri de arena blanca. Por otro lado, los amantes del buceo no pueden dejar de visitar Ammoudi Armeni.
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