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Ahora bien, para los viajeros inquietos, para quienes piensen que para tomar el sol y disfrutar de la playa no hace falta desplazarse tan lejos, Isla Mauricio posee verdaderos tesoros que merece la pena descubrir. Empezando, cómo no, por sus playas, tan preciosas y variadas que lo mejor es alquilar un coche y recorrerlas todas.
Al noroeste de la isla se encuentran las más agrestes y salvajes, accesibles por estrechas carreteras que serpentean entre colinas y campos de caña de azúcar; las hay también muy populares entre los mauricianos, entre ellas, las playas de Flic en Flac, Blue Bay o Mont Choisy, que se acercan hasta ellas los fines de semana con sus familias para disfrutar de un picnic; otras, especialmente las de la costa oriental, están salpicadas por hoteles y resorts de lujo que se dejan ver entre una apretada vegetación tropical; pero también las hay mucho más turísticas, como por ejemplo, las de la zona de Gran Baie, un área animada por multitud de restaurantes, chiringuitos y un sinfín de tiendas libres de impuestos, en las que se puede comprar ropa a muy buen precio. En esta zona se encuentra uno de los hoteles más selectos de la isla, el Royal Palm, refugio durante algunos años de François Mitterrand cuando se quería apartar del ‘mundanal ruido’.
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