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Este territorio anfibio en el que se concentran miles de abruptas islitas de paredes verticales forradas de vegetación aparece como un espejismo en la costa norte de Vietnam. Sus aldeas flotantes, sus pescadores, sus calas y grutas de belleza inspiradora hacen que navegar por su laberinto de canales compense por sí solo el haberse llegado hasta esta esquinada porción del Sureste asiático.
Al norte de Vietnam, muy cerca ya de la frontera con China, fluye un universo onírico de paisajes de paz infinita que en vietnamita se conoce como la bahía de los dragones que descendieron en honor a la leyenda que reza que mucho tiempo atrás, cuando sus habitantes luchaban contra los invasores chinos, los dioses enviaron en su ayuda a una familia de dragones que, para frenar al enemigo, en lugar de escupir fuego lanzaron por su boca joyas y jade que se convirtieron en el laberinto de islitas que, ya al margen de la fábula, en tantas ocasiones reales sirvieron para dificultar el paso a todo invasor. La bahía de Halong, presidida por cerca de 2.000 islas de piedra caliza tapizadas de vegetación que reposan plácidamente sobre las aguas color esmeralda del golfo de Tonkin entre un dédalo de canales, alberga grutas, aldeítas flotantes de pescadores, calas maravillosas y, sobre todo, un hechizo irreal que enamora en cuanto su perfección comienza a asomar a bordo del junco que navega por ellas entre las brumas del amanecer.
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