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El primer europeo que avistó este tesoro natural fue el capitán William Bligh, allá por el año 1789. Tendría que pasar mucho tiempo hasta que otro europeo, el capitán Houghton comprara la isla a un cacique local; podría decirse que desde entonces y hasta ahora Wakaya ha sido siempre una isla privada. Quizás por ello ha sido un territorio que ha conservado intacto su ecosistema natural. Un aspecto que sus actuales propietarios, un empresario canadiense y su mujer, se han empeñado en mantener desde que la compraran hace ahora 33 años. Ambos han conseguido no sólo preservar un espacio de naturaleza virgen, sino que han creado uno de los resorts más exclusivos del mundo. Y decimos exclusivo no sólo por el lujo y las comodidades de que se pueden disfrutar en el Wakaya Club, sino porque solamente hay capacidad para alojar a 20 parejas, de manera que la privacidad está absolutamente asegurada.
El resort se encuentra en el extremo norte de la isla y apenas se divisa porque está perfectamente integrado en el hermoso entorno natural. Está formado por nueve cottages o bures, con vistas al mar o a los jardines que lo rodean; y una villa o vale que consta de 3 dormitorios, piscina y jacuzzi. Cada uno de los alojamientos cuenta con un mayordomo particular atento a cualquier deseo que uno pueda tener.
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