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Cuenta la leyenda popular que Lisboa fue fundada por Ulises y ese encanto mítico aún perdura en esta ciudad de ensueño. La capital portuguesa sabe acoger a propios y extraños, quizás porque ha sido punto de encuentro de culturas. Detrás de su aparente atmósfera decadente y nostálgica, esconde una fusión perfecta entre viejas tradiciones y modernidad.
La capital lusa es el lugar perfecto para soñar a bordo de sus viejos tranvías y perderse por sus antiguas calles, esas mismas que inspiraron a Fernando Pessoa algunos de sus poemas más bellos. La Lisboa más auténtica es, sin duda, la del casco histórico, donde se percibe el origen árabe y medieval de la ciudad, con sus estrechas callejuelas adoquinadas y sus patios hechos de azulejos. Por ello, una de las opciones más interesantes para conocer la ciudad es trazar una ruta a pie y en tranvía.
La Sé, catedral de Lisboa situada al pie del barrio de Alfama, fue construida en el siglo XII sobre las ruinas de una mezquita musulmana y es un precioso ejemplo del arte romano-gótico. Aunque el exterior mantenga el trazado original, el interior es una mezcla de estilo de varias épocas, resultado de las sucesivas remodelaciones y restauraciones que ha ido sufriendo.
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