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Pero, quizás, el lugar más conocido de Capri sea su Piazzetta, donde se alza la iglesia de San Stefano y punto de encuentro de la vida mundana y turística de la isla. Multitud de cafés, restaurantes, tiendas y elegantes boutiques, conforman un surtido escaparate dirigido a amenizar y satisfacer los gustos más diversos. Pero, además, las calles del casco antiguo tienen otro encanto añadido, que contribuye aún más a su atractivo: el tráfico rodado está prohibido. La razón es muy sencilla. Construida sobre una escarpada colina, que hizo de ella una inexpugnable fortaleza contra los ataques de los corsarios, resulta impracticable para la circulación. Este bello islote guarda más sorpresas: sus playas, sus pequeñas y solitarias calas, la llamada Gruta azul, sus famosos farallones, impresionantes rocas esculpidas sobre el mar y a cuya sombra se mecen los más lujosos yates... Sólo hay una manera de descubrirlas, y es visitando esta isla de ensueño.
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