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Una de las recónditas calas del paseo por Platja d´Aro.
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Tossa de Mar al atardecer.
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El Cavall Bernat
Finalizada una hora aproximada de paseo, la playa se alarga unos trescientos metros más hasta el lugar donde se encuentra el característico monolito granítico Cavall Bernat, todo un símbolo para los vecinos de la zona. Esta roca solitaria de seis metros de altura estuvo rodeada de mar a principios del siglo XX y actualmente se localiza en medio de la playa. Desde ella se divisa de nuevo el camino de ronda que, pasando justo por debajo del hotel Costa Brava, se dirige a playa Rovira. La citada punta rocosa de Platja d ’Aro es el punto de partida de una senda que comunica con la playa de la Torre Valentina, en el término municipal de Calonge. La punta de En Ramis, playa Rovira, el corredor conocido como el Xuclador, la pequeña playa de Sa Cova, las calas de Pitxot, del Vilaret o del Pi y la rocosa punta de Les Escuits son las estaciones de un sinuoso recorrido salpica-do de rocas y modelado por lo abrupto del terreno, desde el que se pueden ver las llamadas redondas de dentro y de fuera, un conjunto de escollos que aparecen y desaparecen con la fuerza de las olas. A lo largo de todo el itinerario, atravesado por varios túneles, la vista panorámica es magnífica.
El camino de ronda continúa por playa de En Ros y de Es Canyers, Belladona —Petita y Grossa — y Sant Jordi, esta última situada en medio de una punta de rocas que se prolonga hasta el islote del mismo nombre. Al llegar a la playa de Cap Roig, bordeada por un muro de cemento sobre el cual se puede caminar,se divisa una superficie marina llena de rocas y escollos. Más adelante se suceden las playas de la Ermita, de Ses Torretes, Treumal (cala Gogó)y Can Cristus. En este lugar, la punta del Malpàs, que comunica con la llamada cala de Les Roques Planes, forma un paraje diferenciado en este punto de la costa debido a las rocas grises y redondeadas que por efecto de la erosión conforman un paisaje peculiar. A continuación, el camino presenta un tramo lleno de pequeñas piedras rojas que termina en la llamada playa de la Torre Valentina, una gran extensión arenosa que debe su nombre a una antigua masía con torre de defensa que se alza en la punta homónima. Un destino final regenerado con aguas limpias y profundas, ideal para los amantes del windsurf y la vela, cortesía de los fuertes vientos que soplan en la zona.
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