¿Has estado alguna vez en Babia?

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Una vista panorámica de Peña Urbiña.

Una imagen de la fachada del hotel Días de Luna, en el pueblecito de Sena de Luna.

No, no es broma. Queremos que conozcas una de las comarcas más hermosas de la provincia de León. Ubicada al noroeste de ésta, es una zona de picachos calizos y verdes pastos, un paisaje tan irreal que parece inventado. Incluso, existen pueblecitos como Villafeliz, cuyo nombre encaja a la perfección con la fama de Babia como lugar intemporal y placentero, un precioso destino donde poder descansar.

Estamos en una tierra de pastores, de trashumancia, de largos viajes. Y se dice que fueron precisamente ellos quienes extendieron la idea de que «estar en Babia» es quedarse colgado de un recuerdo, perdido en un lugar de la memoria. Así es como aparecían estos pastores babianos cuando, lejos de sus casas, en las dehesas extremeñas, se quedaban ensimismados frente al fuego pensando en su tierra y en su gente. Babia es también sierra de Reyes.

El lugar escogido por la realeza leonesa desde la lejana Edad Media para olvidarse del mundo, para adiestrarse en el entretenimiento de la caza. Eran estos valles generosos en piezas, y la querencia, irresistible. No era extraño que los Reyes, hartos de intrigas palaciegas, de luchas intestinas, de peleas a lanza y espada, pertrecharan sus enseres y desaparecieran del mundo por esta puerta. Tal vez entonces resonara en palacio la pregunta: «¿Dónde está el Rey?». «En Babia». O lo que es igual: en el único lugar del mundo del que no se le puede hacer regresar.

Valles cerrados y altos

Babia tiene dos pasos de entrada desde la meseta: por el Este, siguiendo el curso del río Luna para girar después hacia Sena de Luna; y por el Oeste, remontando las aguas del Sil hacia Villablino y Villaseca de Laciana. Desde Asturias, los puertos que salvan las montañas son los de Ventana y Somiedo. Se configura así esta comarca como un conjunto de valles encerrados y altos, presidido por la impresionante mole de Peña Ubiña (2.417 metros) y su corte montañosa, con altitudes casi siempre por encima de los 2.000 metros. Dura tierra para salvar unos inviernos en los que la nieve se convierte en el temible invitado que nunca se termina de marchar; pero lindo lugar en el que remansar unos veranos frescos, teñidos por el verde intenso de sus praderías.

Así lo debían y lo deben aún de ver los pastores trashumantes, que en Babia fueron legión. Aún hoy son cerca de 2.000 las ovejas que regresan cada año de las dehesas extremeñas al comienzo del verano. Ancestral práctica ganadera que dio fama a los pastores babianos y que tiene en los altos de Robledo y Torrestío el arranque del cordel occidental de la cañada leonesa. Aquí y allá perviven casonas y escudos nobiliarios, palacetes levantados al amparo de las buenas rentas que la Mesta propiciaba a sus tenientes. Tierra de nieves, de prados, de montañas, de Reyes, de pastores, de ovejas y de mastines, que sin estos era imposible el oficio de proteger las rehalas de las fauces del lobo, siempre malditas ajuicio del ganadero. Mastines y lobos que, muy disminuidos los segundos, siguen formando parte del paisaje de esta Arcadia.

Prohibida su reproducción total o parcial. ©2006 Hola, S.A.

  

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