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En árabe, Albacete significa la llanura. El viejo poblacho manchego de hace unos siglos es hoy la capital más populosa y habitada de Castilla-La Mancha. Albacete nació a principios del siglo XIII, cuando no era más que una humilde aldea dependiente del vecino villorrio de Chinchilla. En 1241 fue tomada por los cristianos, y empezó a cobrar importancia como cruce de caminos entre la meseta y las tierras sureñas del Levante. Curiosamente, hasta 1862, bajo el Gobierno de Isabel II, no obtuvo el título de ciudad.
Albacete es una capital moderna y diáfana, de amplias y luminosas avenidas, de extensos parques y agrestes jardines, que contrastan con la horizontalidad y la desnudez del paisaje que se extiende por sus alrededores. En sus calles ha tomado asiento un sólido tejido comercial, nacido de una larga tradición caminera e industrial. Sus principales emblemas monumentales son recientes. Nacieron al amparo del siglo XIX, cuando Albacete optó por acoger una pujante burguesía vinculada a la agricultura y la ganadería. A excepción de la catedral erigida a principios del siglo XVI, posee un copioso catálogo de arquitecturas decimonónicas, adscritas en su mayoría a construcciones civiles e industriales. Un ejemplo del apego comercial de la ciudad es el Ferial, conocido popularmente como «la sartén» por la original forma con la que fue trazado. Este lugar, uno de los emblemas patrimoniales de la capital, sigue cumpliendo la función con la que fue concebido. En su interior se organizan algunas de las ferias comerciales más importantes de la región.
CON MÁS TIEMPO
Plaza del Altozano. Es el corazón urbano de la ciudad, epicentro de los barrios viejos y punto de encuentro de la vecindad. En él toma asiento el antiguo Ayuntamiento, un edificio de estilo barroco que en la actualidad acoge el Museo de Artes y Costumbres Populares. Próximo a la plaza se halla la Casa del Hortelano, uno de los más bellos palacios señoriales de la capital.
Iglesia de la Asunción. El antiguo monasterio de la Encarnación es hoy uno de los centros culturales más vivos de la comunidad castellano-manchega. Posee un bello claustro dieciochesco, en torno al cual abre sus puertas el primitivo refectorio y la iglesia, convertida hoy en auditorio.
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