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Cataluña
La ruta catalana empieza en el Priorat, donde pueden visitarse 22 bodegas, aunque casi todas previa reserva. Por el precio de entre tres y nueve euros se ofrece visita guiada y cata. Pero el 80% de los vinateros abre sus puertas a los profesionales del sector, debido a las dificultades que entrañaría recibir a miles de visitantes. Un caso singular es el de Costers del Ciurana, que sí recibe visitas (unas 5.000 el año pasado) y que descubre a los más entendidos cómo se elabora un vino de calidad. Una de las primeras bodegas que empezó a recibir visitas fue el Celler Cecilio. Los enoturistas recorren sus viñedos y admiran herramientas centenarias, además de disfrutar de una degustación al acabar la visita.
Del Priorat continuamos la ruta por la comarca del Penedès, cuna indiscutible del cava. Las espectaculares cavas modernistas de Codorniu, declaradas monumento artístico nacional, son visitadas por 150.000 personas anualmente. En Freixenet han recibido en el primer semestre del año a más de 30.000 enoturistas, interesados en conocer el mundo del cava. La tercera joya del Penedés son las bodegas de Torres, que ofrecen el tour más completo: un tren que recorre los viñedos, un túnel de estación de ferrocarril donde se huele, se oye y se ve la evolución de la viña y la climatología a lo largo de las estaciones y una degustación gratuita son las partes más importantes de la visita.
Además de sus excelentes caldos, las bodegas catalanas también son un atractivo por sí mismas por ser excelentes ejemplos de arquitectura modernista. Los arcos parabólicos o las coloristas cerámicas roban protagonismo al vino. En la Conca de Barberà, se erigen seis bodegas modernistas entre las que destacan la de Barberà de la Conca y la de Rocafort de Queralt.
Ribera del Duero
En los márgenes del río Duero se elaboran algunos de los vinos más prestigiosos del mercado: los Vega Sicilia, Protos, Arzuaga (que cuenta incluso con hotel) o Alión. Algunas de estas bodegas tienen totalmente organizadas las rutas enoturistas. Pero para comenzar a recorrer la zona lo mejor es empezar por la localidad de Peñafiel, cuyo castillo se ha reconvertido en museo del vino. Desde Peñafiel hasta Valladolid ambos márgenes del Duero están plagados de viñas.
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