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Alicante fue enriquecida por las más importantes civilizaciones que poblaron el Mediterráneo, pero fueron los árabes quienes ubicaron en ella una pujante y ajetreada ciudadela marítima que comerciaba con los más importantes puertos del mundo conocido. Con tal pasado, no es extraño que el viajero tropiece con algunas de las barriadas medievales mejor conservadas del Levante peninsular. Recostados sobre dos afilados cerros, coronados por sendos castillos, los barrios viejos de la capital lucen calles sinuosas, estrechas y empinadas, decoradas por plazoletas mínimas donde florecen arriates siempre en flor y fuentes en las que mana el agua procedente de las sierras cercanas. La ciudad contemporánea mira hacia las orillas del mar. A finales del siglo XIX, el ensanche busca la proximidad con la zona portuaria. En aquellas décadas se dibuja un gran paseo que con los años recibiría el nombre de Explanada de España. Alicante encuentra en esta espigada alameda una de sus más bellas señas de identidad. Sombreada por palmeras, la Explanada de España comunica las grandes avenidas capitalinas y une la famosa playa de El Postiguet con las zonas urbanas más modernas y recientes. Comercial y turística, nocturna y bulliciosa, Alicante es una capital que en los últimos años ha girado su mirada hacia la cultura. En ella toma asiento el MARQ, uno de los museos arqueológicos más modernos e innovadores de Europa.
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