Castilla-León

Una excursión por las hoces del segoviano río Riaza

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Espectacular fotografía de las hoces del río Riaza.

Maderuelo, pueblo que aún conserva su aspecto medieval.

Antes o después de montar en globo, Borges declaró: «Como lo demuestran los sueños, como lo demuestran los ángeles, volar es una de las ansiedades elementales del hombre». Históricamente, esa ansiedad debió de ser harto menos acuciante para los nativos de las montañas, ahítos de alturas, que para los de las llanuras. Nada tiene de extraño pues que fuese un pastor de la ribera del Duero la primera persona que quisiera compulsar el mito de Icaro y vivir para contarlo. Se llamaba Diego Martín Aguilera y era de Coruña del Conde. Una noche de mayo de 1793 —o de 1773, o de 1798, que en esto no se ponen de acuerdo los cronistas—, Diego se subió a la torre más alta del castillo y, provisto de un artilugio recubierto de plumas, se arrojó al éter planeando «a cinco o seis varas de altura y por espacio de cuatrocientas treinta y una», que, a 835 milímetros la vara de Burgos, dan un total de 360 metros. Sus vecinos quemaron en seguida el invento y denunciaron el caso a las autoridades competentes para que hicieran lo propio con el inventor. Pero la Inquisición no accedió, evitando un fatal desenlace. Diego, que era un visionario, murió de pena en 1804.

REFUGIO DE RAPACES DE MONTEJO

Nada dicen los anales sobre las plumas de que estaba revestida la máquina del pastor burgalés, pero lo más probable es que fueran de buitre leonado. Y es que próximo a Coruña del Conde, allende el Duero, su afluente el Riaza es un auténtico paraíso para estas aves. Procedente de la sierra de Ayllón, donde tiene lugar su nacimiento, el río ha excavado en los yesos y calizas de su último tramo un profundo cañón, que rompe la monotonía del llano mesetario en los límites provinciales de Segovia y Burgos. Estos rojizos paredones de roca conglomerada de hasta 120 metros de altura, llenos de cornisas y oquedades, son algo así como la Quinta Avenida de las carroñeras ibéricas. Alrededor de 200 parejas de buitres leonados nidifican en estos rascacielos antediluvianos, una cifra nada desdeñable si se considera que la población mundial ronda las 9.000. Si a ellas se añaden las dos docenas de alimoches y otras muchas aves (águilas reales, alimoches, halcones…) que aquí viven, se entiende por qué Félix Rodríguez de la Fuente y Adena promovieron en 1975 la creación del Refugio de Rapaces de Montejo, el primer espacio protegido en España por iniciativa privada, con más de 2.000 hectáreas de extensión.

Prohibida su reproducción total o parcial. ©2006 Hola, S.A.

  

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