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Desde la Valentia romana hasta la actual, en los albores del siglo XXI, Valencia ha sido desde siempre centro neurálgico del Mediterráneo y urbe de relevancia económica y cultural. Levantada sobre un terreno pantanoso en el curso del río Turia y en medio de una fértil huerta, ha conocido la huella de distintas civilizaciones desde que fuera fundada por los romanos en el año 138 a. C. Invadida por los visigodos y más tarde por los musulmanes, fue liberada por el Cid Campeador en 1096, aunque no sería hasta 1238 cuando el Rey aragonés Jaime I la reconquista definitivamente, incorporándola al Reino de Aragón.
El casco antiguo de Valencia evidencia en cada una de sus piedras el noble pasado de una capital que viviera sus años de esplendor durante los siglos XIV y XV, época de la que datan sus edificios más notables: las torres de los Serranos, la Lonja 梥ímbolo del gran auge del comercio de la seda y la catedral, cuya construcción se prolongó en el tiempo. Mientras Valencia mima sus glorias pasadas y sigue fiel a su tradición fallera, la ciudad de hoy es una capital con futuro. Ha recuperado el cauce del río Turia para albergar el mayor complejo lúdico cultural de Europa, la Ciudad de las Artes y las Ciencias, y se ha convertido en centro de atención del mundo al acoger la Copa América 2007, lo que le ha permitido convertirse en lo que realmente es: una ciudad abierta al mar. Ese mar que tanta riqueza le otorgó desde antaño y en el que vuelve a poner sus ojos; el mismo que impresionó a Joaquín Sorolla, deslumbrado por la luz de la Malvarrosa.
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