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Portada de la colegiata de Peñaranda de Duero.
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Esta bodega elabora unos vinos que tendrán todos ellos su paso por barrica y que reciben el toque especial de una pronta maduración, que aporta el peculiar microclima de la zona. Todavía conservan como fiel ejemplo de sus inicios un pequeño lagar de piedra del s. XVI, seña de la conjunción entre tradición y modernidad. Sin duda Alejandro Fernández, Tinto Pesquera es una de las bodegas más míticas de la Ribera. También merece la pena la visita a las bodegas Emilio Moro. Desde hace tres generaciones, la familia Moro ha ido conjugando las más ancestrales tradiciones con las últimas tecnologías en la elaboración de sus vinos. Sus instalaciones son la prueba de cómo los viejos lagares pueden sustentar los medios técnicos necesarios para la excelsa elaboración del vino. En esta población se encuentran algunas de las mejores bodegas de toda la D.O. A las ya mencionadas también hay que añadir: Dehesa de los Canónigos y Hacienda Monasterio.
En Valbuena de Duero, más concretamente en la cercana pedanía de San Bernardo, está situado el Monasterio de Santa María de Valbuena. Bello edificio monacal cisterciense, emplazado en un bello paraje de alamedas. En su interior se encuentra la sede de la Fundación Las Edades del Hombre, organizadora de magníficas exposiciones de arte sacro, por toda Castilla y León. Estamos en los dominios de la legendaria Vega Sicilia. Un mito que no deja de crecer desde 1915, siendo la marca de vino más reconocida fuera de nuestras fronteras. En estas mismas tierras, surge con fuerza la bodega Matarromera, continuadora de la tradición cultivada por los monjes de la zona, desde el s. XII. Está semienterrada en la ladera norte del Valle del Duero, al abrigo de los cambios climáticos.
Continuando el curso del río en dirección a Valladolid, llegamos a Quintanilla de Onésimo. Destaca su Iglesia Parroquial de San Millán, de moderna edificación, guarda sin embargo en su interior un retablo manierista junto a esculturas y pinturas del s. XVI. Asomadas al Duero, las Bodegas Arzuaga Navarro han sumado un hotel adosado a sus instalaciones, que comunica con las naves de vinificación y crianza. Cada una de las 24 habitaciones cuenta con ducha hidromasaje y 'jacuzzi' y están cuidadas con el mismo esmero con el que miman cada una de sus cepas. Rodeada de un paraje idílico donde ciervos y jabalíes disfrutan, entre sabinas, pinos y encinas, de una tranquila libertad en las más de 1400 hectáreas de finca. En Quintanilla de Onésimo también ha encontrado el mejor marco para desarrollar su trabajo Peter Sisseck, autor de Pingus, uno de los mejores vinos y uno de los más caros que se realiza en España; sin embargo, sus magníficos viñedos, criados con el mayor de los mimos, se encuentran en La Horra.
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