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Las Fuentes de Llobregat, donde el río surge de lo profundo de la tierra.
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Castellar de N'Hug, con sus casas de recia piedra.
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Pueblo pirenaico
La primera impresión que causa en el visitante Castellar de N'Hug es la de un pueblo nuevo, ya que se han restaurado las antiguas viviendas. Pero eso es solo desde fuera ya que, cuando se entra en el pueblo, aparecen casas de piedra típicas de la montaña pirenaica y calles empedradas. Si se llega en días de diario, todo parece estar muy tranquilo; recorrer calles y callejas es equivalente, en cierto modo, a recrear la época medieval, aunque las numerosas tiendas de todo tipo, así como pensiones y restaurantes, recuerdan al viajero que es éste un lugar turístico.
El centro de la villa está protagonizado por la iglesia parroquial de Santa María, en la que destaca la parte románica v la puerta con antiguos herrajes, pero la mayor parte del edificio fue reformado en época barroca. En agosto es cuando hay mayor número de visitantes y cuando se celebra el famoso concurso internacional de Gussos d'Atura (perros de pastor) que además tienen un monumento en la localidad. Castellar se ha vuelto muy turístico en los dos últimos años y se ha llenado de alojamientos de tipo rural, tiendas y restaurantes. En alguno de estos últimos conviene pedir la especialidad del lugar, la escudella de blat de moro escairat a base de maíz.
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