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Mapa de situación
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Plan de ruta
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La villa de Pastrana, en la provincia de Guadalajara, es un hito fundamental en cualquier viaje a la comarca de la Alcarria. Hermosa, bien cuidada por sus habitantes, cuenta con un importante pasado y un abultado patrimonio artístico.
Ha llovido mucho desde que nuestro premio Nóbel de literatura, Camilo José Cela, rematara su «Viaje a la Alcarria» en la ciudad de Pastrana. Lo hizo durante los días 13, 14 y 15 de julio de 1946. Cela hacía referencia, en el que es uno de los mejores libros de viajes del siglo XX, a un cierto abandono de la ciudad, pero lo cierto es que Pastrana es hoy una ciudad bien cuidada, mimada por sus habitantes, conscientes de que viven en una ciudad única. Esto es algo que percibe el visitante inmediatamente cuando llega a la plaza del Deán, una recoleta plaza, pero que bate un verdadero récord de lugares monumentales y centros notables en la villa.
Así, en este espacio, que debe ser uno de los primeros en visitarse, se reúnen, además de la ermita de Santa Ana y el convento de San Francisco, la Oficina de Turismo y demás insituciones rurales y municipales, que desempeña un importante papel en la conservación de las calles y las joyas arquitectónicas de Pastrana. El silencio, sólo roto por el canto de los pájaros, merece ser saboreado sin prisas en alguno de los bancos de la plaza mientras se prepara el resto del paseo por el pueblo. Hay ahora que descender hasta la plaza de la Hora, sin olvidar antes echar un vistazo al casco viejo de la ciudad desde arriba. La plaza de la Hora es uno de los centros más activos de la vida cotidiana de la ciudad, que pasó a ser de dominio castellano a raíz de la conquista de Toledo y Guadalajara por Alfonso VI hacia el año 1085.
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