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El Ccastillo de los Templarios en Ponferrada.
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Ponferrada y los Templarios
Ponferrada ya había sido ciudad romana y había acogido cenobios visigodos, pero fue a partir del tráfago del Camino jacobeo cuando cobró importancia. Incluso su nombre lo debe al puente de hierro —pons ferrata— que se tendió sobre el Sil para facilitar el paso de los peregrinos. Otro factor definitivo fueron los Templarios. Aquí estaban ya en el siglo XII y hasta que se fueron, en 1312, el castillo de estos guerreros fue el último reducto de la orden en España. Los Templarios rigieron también las cercanas fortalezas de Cornatel, Aguiar, Sarracín y Balboa, que vale la pena visitar. Aparte del castillo —se aprovecha para espectáculos veraniegos—, Ponferrada tiene un interesante casco antiguo: basílica de Nuestra Señora de la Encina, con espléndido interior y un museo anexo; el Ayuntamiento barroco, la Torre del Reloj y algunas casas señoriales.
De Ponferrada a Villafranca, una de las estampas más hermosas y románticas: el monasterio de Caracedo. Las ruinas han sido ejemplarmente acondicionadas para la visita. Puede verse la iglesia y sala capitular de estilo románico, el pequeño palacio real gótico, con el «Mirador de la Reina»; dos claustros y otra gran iglesia neoclásica. Aparte del valor artístico e histórico («primer Real Sitio de España», ya que su fundador, Bermudo II de León, destinó el cenobio también a palacio y panteón real), el paraje es de por sí encantador. A un paso queda Cacabelos, donde se da el mejor vino clarete de El Bierzo. Hay, además, un Museo Municipal con piezas romanas y un complejo gastronómico levantado en un antiguo hospital de peregrinos, donde se preparan, envasan y venden los mejores productos de El Bierzo. Villafranca, vigilada de cerca por el castillo de Corullón, nació en el siglo XI como punto de apoyo para los peregrinos francos o franceses del Camino. Es la ciudad más monumental de El Bierzo y fue capital de provincia a comienzos del XIX.
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