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Los Pilones en la reserva natural de la garganta del Infierno, muy próxima al Jerte.
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La sorpresa del valle
El paisaje entonces cambia de forma radical, apareciendo a nuestros pies un profundo valle cubierto por extensos bosques de robles y castaños, surcado por cristalinas gargantas que dan vida al Jerte y, naturalmente, modelado por las terrajas en las que se cultiva el esperado cerezo. La buena vista de este espectáculo se tiene desde la misma carretera, en una de las últimas curvas del kilómetro 353, fácilmente reconocible por una pequeña explanada que se abre a su derecha. Desde aquí la panorámica es completa. Tornavacas es el primer pueblo de la rula. La exuberante vegetación y el rumor del agua envuelven a esta localidad encajada entre las sierras de Gredos y Bejar, en la que nace el Jerte. Su caserío compacto se articula en torno a la Calle Real, que guarda hermosas construcciones medievales, y a la iglesia de la Asunción, del siglo XVI.
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