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Asturias

¿Qué tal una escapada a Lastres este verano?

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Lastres es uno de los pueblecitos pesqueros más bonitos de Asturias.

Una vista de los Picos de Europa, vistos desde Arriondas.

Muy cerca de los Picos de Europa, sobre una ladera de pinos y eucaliptos que desafían al Cantábrico, se encuentra la bella estampa de Lastres, uno de los pueblos pesqueros más bonitos de Asturias.
Suenan los motores y cuando deja de verse en el horizonte la última barca, el silencio se adueña de nuevo de las calles de estos pueblos pesqueros asturianos. En casi todos, las calles son miradores sobre el mar. En Lastres, un pueblo literalmente colgado de la montaña, abundan las casas con rojos tejados que destacan armoniosamente sobre el verde del paisaje. Algunas de esas casas muestran escudos heráldicos dedicados a ilustres apellidos, de los tiempos en que la riqueza procedía principalmente de la pesca de la ballena.
Ahora, algunos de sus habitantes se dedican también a la tierra (antes trabajaban en las fábricas de conserva y salazón de pescado), por más que casi todos han sentido alguna vez la llamada de la mar.
Lastres fue en tiempos uno de los puertos más importantes en pesca ballenera de la costa asturiana. Había siempre gente vigilando la mar; al primer grito de aviso, todos corrían a las embarcaciones. Por aquel entonces, los arpones eran lanzados a mano; ahora, todo aquello es sólo historia.

El mejor momento para pulsar la más cautivadora imagen de Lastres, al igual que en todos los puertos asturianos, es la primera hora de la tarde, cuando regresan las barcas y se descarga y subasta el pescado. En la lonja se apilan las cajas marcadas con las iniciales de los armadores. Es también cuando se aprovecha para relatar las incidencias del día. Después, parece obligado hacer una ronda por los bares del puerto, donde se toman ‘sardines’ a la plancha y quizá algunos ‘taquinos’ de queso de Cabrales y sidra, que se sigue escanciando y ‘batiendo’ sobre los tradicionales vasos anchos y de cristal finísimo.
Hay quien entonces aprovecha para repasar las artes de pesca cara a la salida del día siguiente o recordar viejas anécdotas perdidas en el tiempo, mientras en lo alto del espigón mandan los pescadores de caña, en una imagen se diría que arrebatada de un folleto turístico. Un detalle curioso; aquí, al final del espigón, sobre las rocas, hay huellas de dinosaurios que un reciente desprendimiento se encargó de ocultar. Y un consejo: Lastres, un pueblo en cuesta, debe ser paseado al atardecer.

Prohibida su reproducción total o parcial. ©2006 Hola, S.A.

  

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