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De cala en cala
Muy cerca de aquí puedes visitar uno de los símbolos de la conservación de la naturaleza en la isla: es la cala Macarella, protagonista de una campaña en los años 80 para impedir su urbanización. Y menos mal que se consiguió: es un arenal de aguas limpias de gran belleza que no te puedes perder. Un denso pinar y un acantilado rocoso rodean este rincón, ocultando un pequeño secreto: un sendero que te llevará a la encantadora cala Macarelleta, recogida y cristalina. Una delicia. Otra playa que tampoco debes perderte es la de Algaiarens en el norte. Alejada del bullicio turístico y azotada por el viento tramontano, es uno de los arenales más pintorescos y paradisíacos, al que se accede a través de una finca privada (recuerda que cierran el portón a las siete de la tarde). Una vez en ella, caminar sobre sus dunas rosadas resulta una sensación inolvidable. También en el norte, aunque ya cerca de Maó, en el oriente menorquín, encontrarás un lugar fascinante: el Cap de Favàritx, un promontorio que se adentra en el mar y está coronado por un faro que desafía los vientos de la Tramontana. Como no podía ser menos, junto al poderoso cabo te espera una cala. Los juncos y cañizos que crecen en cala Presili son el preludio del Parque Natural de la Albufera des Grau, frente al cual se sitúa una misteriosa islita que podrás visitar en barca, la Illa d’en Colom.
Una vez en Maó, disfruta de sus calles blancas y estrechas, siempre con el horizonte del cielo y el mar, y de su bullicioso puerto. La dominación británica dejó aquí una herencia muy singular: ventanas de guillotina con vidrios en cuadrícula, colores verde carruaje y fachadas carmines coparán el objetivo de tu cámara.
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