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Acaba de ser declarada por la Unesco Reserva Mundial de la Biosfera (junto a Gerês-Xurés, una zona montañosa a caballo entre el noroeste de Portugal y el suroeste de la provincia de Orense). Y no es de extrañar: su extraordinaria belleza natural, caracterizada por el predominio de un fascinante paisaje desértico, así como la riqueza que esconde su ecosistema marino la han hecho merecedora de tal distinción. Con estas dos reservas, España suma ya 40 espacios especialmente protegidos por este organismo internacional. La reserva abarca toda la isla más una franja marina de cinco millas en la costa oeste y de tres millas en el resto del territorio insular.
Alrededor de 100 kilómetros separan a Fuerteventura del continente africano, quizás por ello la influencia del gran desierto del Sáhara, con sus arenas doradas y sus oníricas panorámicas, es aquí omnipresente. Hasta tal punto la influencia del desierto ha cuajado en la isla que en la parte nororiental de Fuerteventura se diseminan espectaculares dunas móviles que contrastan con la inmensidad del océano. Es el Parque natural de las Dunas de Corralejo, que corre paralelo a la costa a lo largo de 8 kilómetros. En total son 2.400 hectáreas de puro desierto, solitario y hermoso, inusual en los parajes españoles. El viento ha sido el causante de este asombroso paisaje, que ha arrastrado desde el mar y su ribera ingentes cantidades de arenas organógenas, que son las que proceden de los restos de caparazones de animales marinos. Esta lengua de dunas inquietas queda rematada en su parte costera por una sucesión de playas y roquedos con los que compite en espectacularidad. Perderse en estas orillas es hacerlo en un soleado vergel de olas de arena y mar, pero sobre todo de viento, lo que obliga muchas veces a buscar algún parapeto para resguardarse de su fuerza.
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