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País Vasco

San Juan de Gaztelugatxe, un capricho natural

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La ubicación de la ermita es verdaderamente espectacular.

Vista del pueblecito de Bermeo.

Hay un rincón en la costa vizcaína que ofrece una foto para enmarcar. No te olvides de la cámara y prepárete para conocer uno de los paisajes más bellos del Cantábrico. Estamos en el cabo Matxitxako, a los pies de la larguísima escalera que lleva hasta la ermita de San Juan de Gaztelugatxe, elevada sobre un gran peñasco al que, según la leyenda, trepó Juan el Bautista.

Allí donde se ubica San Juan de Gaztelugatxe, ermitas y peñascos galantean con el mar ofreciendo un espectáculo que te resultará grandioso. Llegar hasta ella no tiene pérdida. A tres kilómetros de Bermeo, por la carretera de la costa en dirección a Bakio, toma la pista a la derecha que conduce, sin dificultades, hasta ese profundo saliente de la costa que recorta el horizonte. Has llegado al cabo de Matxitxako, el punto exacto en el que el monte Sollube se rinde al mar.

Le faltarán ojos para mirar a uno y otro lado. Hacia el oriente observará el espectáculo de la isla de Izaro y, al fondo, la mole poderosa del cabo de Ogoño, que guarda la desembocadura de la ría del Urdaibai. Hacia poniente, tras el islote de Aketxe, distinguirá un istmo diminuto coronado por una pequeña construcción. Es San Juan de Gaztelugatxe, la ermita más marinera de cuantas se asoman al Cantábrico. Impresionante, ¿verdad?

¡A subir escalones!
Desde el mirador que se asoma al acantilado puedes apreciar que el istmo no es tal, sino una isla, un peñasco unido a la costa por un hilo. Un sendero tallado en piedra, con 203 escalones y asentado, según la tradición, sobre las huellas del Bautista serpentea por el risco marino y permite salvar la lengua de mar y coronar sus 150 metros de altura. Ha llegado la hora de hacer un pequeño esfuerzo. Cálzate zapatos planos y ¡adelante! Y si cuando llegues a lo alto tienes fuerzas, cumple con la costumbre de sumergir los pies en agua salada para aliviar tus males. ¡Te refrescará!

Una vez en lo alto verá que la ermita es un templo sencillo, de planta rectangular con una sola nave y ábside poligonal, una reconstrucción reciente de la que existió antes del incendio que la arruinó en los años setenta. Pero también un lugar mítico para los arrantzales (pescadores) de la zona. De ello dan fe los exvotos que permanecen suspendidos del techo y la costumbre de los barcos de Bermeo de dar tres vueltas alrededor de ella cuando salen y regresan para las campañas de pesca.

Prohibida su reproducción total o parcial. ©2006 Hola, S.A.

  

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