|
Todo empezó de la nada, en un cruce de caminos en mitad del desierto de Nevada conocido como Las Vegas. Es aquí donde, en los años veinte, la mafia italiana comenzó a fantasear con edificar un lugar alejado de todo y de todos en el que lucrarse sin riesgo con el juego y los negocios sucios que lo rodeaban. La inauguración, en los años cuarenta, del hotel Flamingo, orquestada por el capo neoyorquino Bugsy Siegel, marcó el despegue, imparable hasta hoy, de «Sin City», la Ciudad del Pecado, como le dicen en inglés.
A Siegel no le sonrió en exceso la fortuna y acabó acribillado por sus compinches antes de ver cumplido su sueño de alzar un universo consagrado al ocio que atraería a las masas a puñados, pero es muy probable que Las Vegas no fuera la máquina de hacer dinero que es hoy de no haber sido por este gánster visionario.
Convertida en la capital mundial del juego y en la ciudad en la que hasta lo más inverosímil es posible a cualquier hora (como el clásico de la boda oficiada por un doble de Elvis en plena madrugada), Las Vegas atrae hoy a 35 millones de turistas al año, que, además de en sus casinos, tienen ante sí mil y un reclamos para derrochar sus dólares.
Los hoteles-casino más famosos de la ciudad ya son en sí mismos todo un espectáculo: el Caesars Palace, ambientado en el Imperio romano y en cuyo Colosseum han actuado desde Cher y Bette Midler hasta Elton John. Siempre en Italia, The Venetian, con palazzos de cartón piedra y hasta góndolas y gondoleros que, por unos pocos dólares, le dan a uno un paseo por el inmenso centro comercial que bordea su particular Gran Canal.
|