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Desde Sabiñánigo hasta el puerto de El Portalet, en la frontera con Francia, el valle de Tena ofrece infinidad de alternativas a los amantes de la naturaleza y del turismo activo. Altas cumbres, glaciares, bosques, ríos y uno de los más importantes conjuntos de ibones (lagos) del Pirineo embellecen este espacio de gran interés paisajístico surcado por el río Gállego. No es el único que posee, un recorrido por la comarca permite disfrutar, además, de un singular patrimonio arquitectónico y cultural que los habitantes del valle han sabido conservar intacto a lo largo de los años.
Aquí se pueden admirar grandes casonas de piedra con empinados tejados de pizarra y escudos tallados en las fachadas, pero también puentes romanos y medievales y un excepcional conjunto de iglesias de los siglos X y XI, de estilo mozárabe y románico, que conforman la llamada Ruta del Serrablo. Próximos quedan dos museos imprescindibles: el de Dibujo, situado en el castillo de Larrés, y el de Artes Populares del Serrablo, en Sabiñánigo.
También la gastronomía es parte importante de la cultura del valle. Elemental y sobria, es una mezcla de la cocina de montaña y la tradicional aragonesa, con un toque propio de la zona. Las propuestas son múltiples: migas con uva y tomate, pastel de setas, patatas encebolladas, espárragos montañeses o melocotón con vino viejo.
En constante contacto con la naturaleza, el valle de Tena es, además, un importante lugar de referencia para la práctica de los deportes de aventura, las actividades náuticas y, sobre todo, para el esquí. Y la estación de Formigal una referencia imprescindible. La urbanización del mismo nombre, a 1.550 m de altitud, ejerce de centro de operaciones, con zona hotelera, apartamentos, bares, restaurantes, tiendas, zona deportiva y una bella iglesia prerrománica que fue trasladada piedra a piedra desde el pueblecito de Basarán.
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