|
Tras la estela de Altamira
Este trascendental reconocimiento se produce 23 años después de que la Cueva de Altamira fuese incluida en esta prestigiosa lista, como obra maestra del arte universal de todos los tiempos, que constituye un testimonio excepcional de una civilización desaparecida. El descubrimiento de las pinturas de la Cueva de Altamira en 1879 por Marcelino Sanz de Sautuola significó la salida a la luz del arte rupestre paleolítico y de su manifestación más espectacular. El hallazgo fue de tal calibre que tuvieron que pasar más de quince años, con su autor ya fallecido, para que la comunidad científica internacional apreciara su auténtico valor.
Bisontes, caballos, ciervos, manos y misteriosos signos, pintados y grabados, son la expresión de los habitantes de la cueva hace 15.000 años durante el Paleolítico Superior. Su perfección y la calidad de los dibujos y colores ha hecho que sea llamada "Capilla Sixtina del Arte Cuaternario". Desde su descubrimiento la Cueva de Altamira fue considerada como algo especial y frágil, adoptándose medidas para garantizar su conservación. Sin embargo, su propio atractivo ha sido su mayor riesgo. En los años 60 y 70 se produjeron visitas masivas de hasta 175.000 personas al año que pusieron en peligro su pervivencia y que obligaron, primero, a limitar las visitas a 20 personas diarias durante 20 minutos y, más tarde, a clausurarla en 2002 y que solo pueda ser visitada por los científicos que se encargan de su estudio y conservación.
Recientemente se ha abierto el debate y hay voces que claman por hacer compatible su preservación con el acceso público, aunque necesariamente restringido a un bien cultural común y patrimonio de todos. En todo caso, la decisión no se tomará antes de 2009, cuando concluya el estudio que llevan a cabo los especialistas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Desde el año 2001, junto a la cueva se levanta el Museo nacional y centro de investigación de Altamira, obra del arquitecto Juan Navarro Baldeweg. Destaca en su interior la llamada Neocueva de Altamira, la reproducción más fiel que existe de la original y muy similar a como se conocía hace 15.000 años. La Neocueva de Altamira brinda al visitante la posibilidad de conocer la belleza de su arte rupestre y el hábitat de sus pobladores. Es una reproducción rigurosa y exacta de la cueva y de sus pinturas, basada en el conocimiento científico y realizada con la más moderna tecnología. En las salas del museo se ofrece una amplia exposición atractiva y sugerente sobre la vida cotidiana y el arte durante el Paleolítco Superior, la época de Altamira. Cada año la visitan 250.000 personas.
|