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Cerrada sobre sí misma, como una inmensa tortuga protegida por su duro caparazón, Madrigal de las Altas Torres está plantada en medio de las llanuras que conectan los pagos de La Moraña con las tierras de Medina, al borde mismo de las provincias de Ávila, Salamanca y Valladolid. Campos de labor, barbechos y lavajos rotos por la verticalidad de un puñado de torres asomando por encima del tapial de sus murallas; un oasis de vida elegido por la Historia como cuna de una sus Reinas más emblemáticas: Isabel la Católica.
Del pasado de Madrigal hablan a gritos cada uno de sus rincones, de sus calles y de las 23 torres de sus murallas, una minucia si se tiene en cuenta que sobre esos mismos adarves llegaron a asomarse hasta 82 torreones, guardianes de las puertas que franqueaban el paso al interior del recinto. Por dentro, Madrigal es tan evocador como sus murallas. Ahora que los largos días del verano invitan a viajar, no hay nada como realizar una escapada que nos lleve lejos del bullicio urbano.
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