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Cataluña

España mágica: El aquelarre de Cervera

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El espectáculo pirotécnico es seguido por miles de personas en el pueblo.

El macho cabrío se rodea de una vociferante corte de 'bruixes'.

Capital de la comarca leridana de La Segarra, la ciudad de Cervera se engasta en lo alto de un cerro, el Turó de les Savines, desde el que se controlan las amplias llanuras regadas por el tranquilo discurrir del río D’Ondara. Mientras su alargado y estrecho caserío está rodeado de murallas, en su inconfundible perfil medieval, heredero de una larga y densa historia, sobresale, a modo de pétreo portaestandarte, la elevada torre de Santa María.
Con estos indudables atractivos, los numerosos viajeros que se dejan caer por esta bellísima localidad, enclavada en el corazón geográfico de Cataluña, podrían pensar que sólo monumentos y paisajes les aguardan. Pero, atención, las apariencias engañan: los que no vayan prevenidos se llevarán una grande y grata sorpresa.

LAS «BRUIXES» TOMAN CERVERA

El placentero ambiente, una armoniosa mezcla entre los mundos rural y urbano, que se respira en Cervera esconde un inquietante pasado preñado de misterio. Y aunque parezca increíble, sus habitantes no ocultan esa memoria protagonizada por algunas de las más famosas bruixes catalanas. En vez de bajar la mirada, acelerar el paso o dar un portazo ante las preguntas de los curiosos, los cerveranos están orgullosos de su pasado y llevan cinco lustros organizando una fiesta en recuerdo de sus antaño malditas y perseguidas vecinas: el Aquelarre de Cervera. Todos los años, durante el último fin de semana de agosto, Cervera se transforma y todos recrean la fábula según la cual las hechiceras, que han permanecido encerradas en las escondidas y húmedas mazmorras del Carreró de les Bruixes, se hacen con el control del pueblo. Los disfraces salen del armario y aparecen los máximos protagonistas del festejo: les bruixes, els diables y el mascle cabró. Este último, el macho cabrío, que es la representación terrenal de todos los demonios —Satán, Belcebú, Lucifer, Luzbel y Mefistófeles—, recorre las empedradas calles de la ciudad escupiendo fuego, soltando chispas y anunciando a vecinos y forasteros que comienzan tres días, con sus correspondientes noches, llenos de misterio y diversión.

Todo el casco antiguo se convierte en un escenario por el que corren los correfocs y deambulan magos, quiromantes, echadores de cartas, augures, hechiceros, sanadores y un sinfín de personajes con actitud o, por lo menos, con apariencia esotérica.

Prohibida su reproducción total o parcial. ©2006 Hola, S.A.

  

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