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LAS «BRUIXES» TOMAN CERVERA
El placentero ambiente, una armoniosa mezcla entre los mundos rural y urbano, que se respira en Cervera esconde un inquietante pasado preñado de misterio. Y aunque parezca increíble, sus habitantes no ocultan esa memoria protagonizada por algunas de las más famosas bruixes catalanas. En vez de bajar la mirada, acelerar el paso o dar un portazo ante las preguntas de los curiosos, los cerveranos están orgullosos de su pasado y llevan cinco lustros organizando una fiesta en recuerdo de sus antaño malditas y perseguidas vecinas: el Aquelarre de Cervera. Todos los años, durante el último fin de semana de agosto, Cervera se transforma y todos recrean la fábula según la cual las hechiceras, que han permanecido encerradas en las escondidas y húmedas mazmorras del Carreró de les Bruixes, se hacen con el control del pueblo. Los disfraces salen del armario y aparecen los máximos protagonistas del festejo: les bruixes, els diables y el mascle cabró. Este último, el macho cabrío, que es la representación terrenal de todos los demonios —Satán, Belcebú, Lucifer, Luzbel y Mefistófeles—, recorre las empedradas calles de la ciudad escupiendo fuego, soltando chispas y anunciando a vecinos y forasteros que comienzan tres días, con sus correspondientes noches, llenos de misterio y diversión.
Todo el casco antiguo se convierte en un escenario por el que corren los correfocs y deambulan magos, quiromantes, echadores de cartas, augures, hechiceros, sanadores y un sinfín de personajes con actitud o, por lo menos, con apariencia esotérica.
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