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Hasta hace poco tiempo, el medio y alto Alentejo portugués era una zona poco desarrollada y casi desconocida para la mayoría de los viajeros, pero que en los últimos años ha experimentado un gran auge gracias al desarrollo del turismo rural; y es que no hay nada como hacer una excursión a este rincón de Portugal para descubrir sus tierras fértiles salpicadas de cereales, viñas y alcornoques, sus llanuras infinitas, sus cortijos y pequeñas aldeas llenas de tradiciones y personalidad propia.
Una parada obligatoria para los visitantes es la ciudad de Évora, declarada Patrimonio de la Humanidad y una de las localidades preferidas de los reyes portugueses para pasar largas estancias. El palacio de los Duques de Cadaval, la catedral o el Monasterio dos Loios, que hoy día también hace las funciones de posada, son algunos de sus principales atractivos turísticos.
Otro de los lugares que no debe perderse en Évora es la calle de las Casas Pintadas, en una de cuyas residencias vivió el descubridor Vasco da Gama. Este edificio, actualmente ocupado por los jesuitas cuenta también con una capilla en la que se encuentran unos curiosos frescos del siglo XVI decorados con figuras de sirenas y animales fantásticos. Para completar la visita por esta bella ciudad, el viajero también puede acercarse por sus impresionantes ruinas romanas o dar una vuelta por la Praça do Giraldo o el Largo das Postas.
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