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San Juan de la Peña y el Santo Grial

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Vista del claustro del antiguo monasterio, cobijado bajo la roca.

El Monasterio de San Juan de la Peña, construido en el año 1025.

Si Indiana Jones hubiera sabido que en España se escondía el cáliz que Jesucristo utilizó en la Última Cena, habría tenido que vivir aventuras menos convulsas que las que experimentó en la búsqueda del Santo Grial. No tenía más que haber viajado a Valencia y admirar en la catedral esta valiosa pieza, que se guarda en la capilla que lleva su nombre desde el año 1437. Hasta aquí llegó procedente de Zaragoza, pero antes de llegar a la capital del Ebro, el Grial había sido custodiado durante casi once siglos en tierras de Huesca.

El obispo huyó a las montañas

Todo ocurrió como sigue. Fue el obispo oscense San Lorenzo, residente en Roma y protector de la reliquia por encargo del Papa Sixto II, quien, ante la persecución de los cristianos, decidió enviar el Santo Grial desde la ciudad italiana a su tierra natal a mediados del siglo III. En Huesca capital se atesoró hasta el año 713, cuando la invasión musulmana estaba llegando a su máxima expansión, y el obispo de la época buscó refugio en las sierras exteriores del Pirineo Central, llevándose consigo el Grial. Y tras recorrer la cueva de Yesa, San Pedro de Siresa, San Adrián de Sásabe, San Pedro de la Sede Real de Bailo o la catedral de Jaca, el cáliz llegó finalmente a San Juan de la Peña en los primeros años del siglo X, donde fue reverenciado por gentes de toda condición hasta el año 1399, en que por mandato del Rey de Aragón, Martín I el Humano fue trasladado a Zaragoza.
También habría podido Indiana Jones emprender el Camino del Santo Grial, que lleva de San Juan de la Peña a Valencia, siguiendo los pasos de la reliquia en España. Una nueva ruta turística rica en matices religiosos, históricos y culturales que acaba de abrirse camino, en un contexto romántico y aventurero. En los aledaños de un frondoso bosque y excavado bajo una visera rocosa, el viajero descubre el sorprendente monasterio de San Juan de la Peña, que llegó a ser el más importante de Aragón en la Alta Edad Media. Su entorno se presta con facilidad a dejar volar la imaginación.

Es en este lugar donde transcurre la leyenda que relata que un joven noble de nombre Voto cazaba a caballo por estos parajes cuando, persiguiendo un ciervo, cayó desde lo alto del monte Pano al precipicio. Milagrosamente, el animal se posó en tierra suavemente. Sano y salvo en el fondo del barranco, el noble aragonés descubrió una ermita y, en el interior, el cadáver de un ermitaño. Impresionado por el descubrimiento, vendió todos sus bienes y, junto a su hermano Félix, inició una vida eremítica en la cueva que después daría origen al monasterio.

Prohibida su reproducción total o parcial. ©2006 Hola, S.A.

  

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