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La "isla tranquila" es, además de una de las más desconocidas del archipiélago canario, una de las pocas que se mantienen aún a salvo de la afluencia masiva de turistas ávidos de placeres estivales. Y eso que, poco a poco, su presencia ha comenzado a airearse, aunque sin llegar a las cotas de Tenerife, Lanzarote y Gran Canaria. En la zona de sotavento de la península de Jandía, las largas extensiones de arena que se descubren en bajamar, de casi 30 kilómetros de longitud 20 de ellos, prácticamente vírgenes, son puro espectáculo. El sol africano y el océano color turquesa hacen el resto en este lugar, donde las ardillas sorprenden a los senderistas, que aquí son en su mayoría alemanes, en un paseo casi infinito junto al mar.
Y es que la península y el Parque Natural de Jandía desprenden belleza por los cuatro costados. Entre barrancos, una arena de origen eólico tan fina que a muchos turistas les sirve como preciado «souvenir» y unas cromáticas rocas eruptivas dan color a este espacio natural que envuelve por su desmedida riqueza. Al Norte queda el istmo de La Pared, azotado por los vientos, donde el windsurf es toda una religión, llegándose a celebrar aquí pruebas del Campeonato del Mundo de la especialidad. Sin olvidar el Risco del Paso, cuyas dunas forman una flecha, y la localidad de Morro del Jable, al Sur, con sus restaurantes frente a la playa. De aquí parte una pista de tierra que lleva hasta la Punta de Jandía, donde saborear una típica cazuela de pescado se hace imprescindible.
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