|
Una de las esquinas más remotas del África ecuatorial por la que se desdibujan las fronteras entre Uganda, Ruanda y la República Democrática del Congo es el último refugio de los gorilas de montaña, las magníficas criaturas por las que dio la vida la conservacionista Dian Fossey 朣igourney Weaber en Gorilas en la niebla y a cuya preservación parece estar contribuyendo el ecoturismo.
En 1902 la ciencia catalogaba una especie desconocida para ella hasta entonces: el gorila de montaña, que moraba en las zonas boscosas más elevadas del Congo Oriental y las lindes del lago Kivu y los montes Virunga, en una remota esquina del África ecuatorial tapizada de bosques de bambú y espesísima selva. Sin embargo, el descubrimiento no hizo sino añadir amenazas para este pariente tan próximo al hombre. En las décadas siguientes, la persecución de sus crías para venderlas como mascotas o a los zoos, la caza furtiva para hacerse con su carne o comerciar con partes de su cuerpo destinadas a la medicina tradicional o a lucir como objetos exóticos de decoración y, sobre todo, la desaparición de su hábitat debido a la creciente presión humana asentada en las inmediaciones de sus bosques han colocado a los gorilas de montaña en peligro de extinción. La conservacionista Dian Fossey fue quien más ruido hizo para hacer llegar la voz de alarma tanto a la comunidad científica como al gran público del riesgo de desaparición que sufrían estas maravillosas criaturas en cuya defensa murió en 1985 a manos de los furtivos con los que tanto se había enfrentado.
PINCHE SI QUIERE VER UN VÍDEO
|