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- Alentejo (Portugal)

Una idea original, divertida y muy económica: navegar por el pantano más grande de Europa

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El barco puede atracarse en la orilla y dedicar un tiempo, por ejemplo, a pescar.

Además de navegar, se pueden realizar excursiones en bici por los alrededores.

Amieira Marina ha creado un servicio de alquiler de barcos a motor, con capacidad de entre dos y diez personas que pueden ser tripulados por uno mismo, tras recibir unas pequeñas lecciones de navegación que duran apenas media hora. Precisamente la facilidad de manejo de las naves y la posibilidad de elegir cualquier recorrido en la amplia superficie del pantano son los principales atractivos de esta nueva fórmula de vacaciones que hasta ahora estaba limitada a los expertos que podían manejarse en el mar, con la titulación correspondiente.

El barco puede tripularse desde la cabina o en la toldilla exterior haciendo algo tan sencillo como mover un volante similar al de un automóvil, graduando la velocidad con una palanca y decidiendo ir hacia delante o hacia atrás. Para que no falte nada y todo sea seguro y fácil, todos los barcos están equipados de GPS que dibuja el plano de la zona donde se encuentra, las boyas próximas y la ruta preferente a seguir, y también con un sonar que indica la profundidad y señala la proximidad de rocas o posibles peligros en los que encallar.

Cada camarote está equipado con camas doble o gemelas, armarios y estantes, cuarto de baño privado, equipado con inodoro, lavabo y ducha, ventanas y ropa de cama y baño. Además, en la zona común hay una cocina con amplio frigorífico, cocina de gas con cuatro fuegos, TV con lector de DVD, radio con CD, ventilador, mesa, sofá convertible en cama supletoria y todo el equipamiento de cocina y vajilla necesario. En la zona exterior hay un solarium, mesa y sillas, espacio para barbacoa, sombrilla, etc. Los barcos pueden transportar también bicicletas de montaña, cañas y equipo de pesca, canoas...

El tiempo de navegación a bordo discurre tranquilamente mientras se toma el sol, se contempla el paisaje, se lee un buen libro o se saborea una cerveza helada. La tripulación puede repartirse entre varias personas, dada su facilidad, o incluso se puede optar por parar completamente el barco en cualquier lugar, sin necesidad de amarres ni anclas mientras todos comparten la comida o la charla. Los más deportistas pueden nadar, remar, montar en bicicleta, pescar... y los más comodones limitarse a contemplar las aves, echar una siesta o tomar un aperitivo.

A la hora de la comida o la cena, nada como preparar algo que saborear a bordo, en el silencio del lago y con el sol o la luna como únicos testigos. Puede optarse por algo ya preparado que pueda calentarse o tomarse frío o decidirse a ejercer de chef en la bien equipada cocina del barco. Previamente, claro, habrá que haber hecho acopio de los alimentos necesarios, pero nadie echará de menos la cocina de su casa.

Texto y fotos: Enrique Sancho

Prohibida su reproducción total o parcial. ©2006 Hola, S.A.

  

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