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La enorme oferta de las compañías aéreas de bajo coste ha propiciado que realizar una escapada a alguna ciudad europea se haya convertido en un hecho habitual y en una sana costumbre para todos aquellos viajeros que quieran romper con la rutina, ampliar sus horizontes y, al mismo tiempo, disfrutar de unos días en una ciudad diferente.
La ciudad de Lyon (en la vecina Francia) se convierte no sólo en un destino a 憈iro de piedra para cumplir este deseo, sino también en un lugar que se adapta como un guante a tres conceptos claves que uno se plantea a la hora de decidir un destino: bueno, y con ello nos referimos a la gastronomía porque Lyon es una de las capitales mundiales de la buena cocina, prueba de ello son sus afamados restaurantes, así como la excelencia de sus vinos del Ródano; bonito, porque merece la pena descubrir los atractivos turísticos de una ciudad que es Patrimonio de la Humanidad y barato, porque, si se desea, se pueden encontrar no sólo vuelos económicos, sino también un sinfín de actividades a precios más que razonables.
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