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La actual capital económica y comercial de China, a pesar del poso aún palpable en algunas zonas de su pasado colonial, se convierte en una metáfora de rascacielos, modernidad y diversión que preconiza el despegue del gigante chino en el siglo XXI.
Es la ciudad más poblada del país más multitudinario, amén de uno de los puertos más activos del globo y de la capital financiera, sin peros, del gigante chino. A principios del XIX Shanghai ya apuntaba maneras, habiéndose convertido en un importante centro comercial con más de un millón y medio de habitantes gracias a su situación estratégica junto a la desembocadura del río Yangze, que facilitaba enormemente las transacciones con Occidente. Además, al finalizar en 1842 la Primera Guerra del Opio, los británicos exigieron que la ciudad se abriera a los extranjeros. Pero aún con todo, en los últimos cincuenta años su despeque a todos los niveles ha sobrepasado cualquier expectativa.
Baste arrojar la cifra de la actual densidad de habitantes de su cogollo central 杗ada menos que 8.265 personas por kilómetro cuadrado para imaginar la efervescencia que cobija esta ciudad superlativa con más de 4.000 rascacielos en su haber y cerca de 18 millones de habitantes viviendo en sus más de 6.000 kilómetros cuadrados de superficie.
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