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Marrakech (Marruecos)

Un paseo por la Plaza de Djemaa El Fnaa, un mundo de sensaciones

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Músicos gnaua tocando ´sus instrumentos en la plaza Djemaa El Fnaa.

La plaza por la noche se transforma con todos sus puestos iluminados.

Declarada Patrimonio Oral de la Humanidad, esta explanada inmensa a la entrada de los zocos es la olla en la que durante el día se recuecen bajo la canícula del verano los tenderetes de zumos de naranja y pinchitos. Aunque luce aún mejor al caer el sol, cuando propios y extraños se arremolinan en torno a los corros que forman los cuentacuentos, saltimbanquis, sacamuelas de éxito, púgiles, encantadores de cobras, acróbatas, músicos gnaua, iluminados, magos, cómicos y charlatanes de todo pelaje que en ella despliegan su saber. Cada tarde sin excepción Djema El Fna levanta el telón y, como siglos atrás, logra que lo inverosímil acuda puntual a su cita en la plaza sin que nadie lo llame; a cambio sólo del puñado escaso de dirhams que los espectadores le quieran dejar.
Goytisolo, en Makbara, sentencia que “las guías turísticas mienten al proponer una u otra forma de acercamiento al centro de gravedad de Marrakech: a la plaza no hay por dónde cogerla”, aunque cada cual es muy libre de probar suerte e intentar abordarla como mejor tenga a bien: desde las más asépticas alturas de las terrazas de los cafés que la rodean, o abriéndose paso entre la humareda, el gentío y el pringue de sus tenderetes.
En torno a Djemaa El Fna gravitan las idas y venidas de la ciudad entera. Nada más un zigzag tras el callejón correcto y su diáfana amplitud se transforma en el frescor sombrío que envuelve las angostas sendas de esos zocos en cuyas mínimas tienduchas el valor de las cosas se somete a un riguroso examen diario. Porque nada en ellas tiene un valor fijo, y mucho menos inmediato. Hasta el último capricho obliga al ritual del regateo en el que el vendedor, con su palabrería de encantador de serpientes, exige un dineral y el turista hace lo que puede para irle arañando el consabido descuento. Es parte de su encanto. Porque Marrakech, que también sabe de lujos y de palacios, donde se vive de verdad es en la calle.

Prohibida su reproducción total o parcial. ©2006 Hola, S.A.

  

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