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Desperdigado por el Pacífico a casi mil kilómetros de la costa americana, este aisladísimo archipiélago constituye un auténtico laboratorio natural. Casi la totalidad de su territorio queda protegido como Parque Nacional, y en él habitan tortugas gigantes, iguanas y una barbaridad de especies, a menudo endémicas, que inspiraron a Darwin su teoría de la evolución y que aún hoy, al no percibir al hombre como una amenaza, se comportan ante él con una naturalidad asombrosa.
La mayoría del puñado de islas de este remoto archipiélago del Pacífico están desiertas, aunque sólo de humanos, porque la barbaridad de fauna que mora en ellas es tan apabullante e insólita que las Galápagos se han convertido en un territorio valiosísimo para los científicos y, en los últimos tiempos, también para los ecoturistas, que pueden admirar este paraíso primario a bordo de los cruceros generalmente de tamaño reducido que surcan sus aguas, ateniéndose siempre a los estrictos cupos de visitantes que se otorgan cada año para alterar lo menos posible este maravilloso santuario del que sólo la naturaleza es dueña y señora.
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