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Más allá de las Ramblas, del Barrio Gótico, de la Ruta de Gaudí o de los edificios modernistas del Eixample, Barcelona tiene como escaparate una extensa fachada marítima. Comienza en el monumento a Colón, con el Aquàrium enfrente, y, siguiendo el muelle hacia el Norte, continúa por el popular barrio de la Barceloneta 梥ede de restaurantes marineros hasta llegar a la moderna Villa Olímpica. Entre ésta, erigida para alojar en 1992 a los deportistas participantes en los Juegos Olímpicos, y las instalaciones del Fórum 2004 se extienden cuatro kilómetros de playa, que la ciudad ha sabido ganar al mar.
Lo más llamativo del nuevo barrio son los dos rascacielos que abren paso a la zona del puerto, los restaurantes, bares de copas y el casino: el hotel Arts y la torre Mapfre. Y también el enorme pez dorado diseñado por el arquitecto Frank Ghery, otro de los símbolos de la Anilla. En este punto, mirando al mar, queda, a la izquierda, la playa de la Barceloneta; a la derecha, pasado el puerto deportivo, la Nova Icària. Un paseo con jardines y puentes de madera corre paralelo a ésta y conduce hasta la del Bogatell. En el camino, la plaça dels Campions (de los Campeones), en la que se puede ver en el suelo las 257 medallas de oro logradas durante los Juegos Olímpicos. Más adelante, las dos que forman parte del área de El Poblenou, antes de llegar al Fórum: las de la Mar Bella y la Nova Mar Bella. Son playas de arena de grano fino y dorado, donde se pueden practicar todo tipo de deportes, actividades de educación ambiental y otras de carácter más lúdico, como los concursos de castillos de arena. En definitiva, una oferta playera adaptada a todos los públicos y a todas las épocas del año.
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