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En el occidente de Cantabria, entre Santillana del Mar y San Vicente de la Barquera, encontrará mil y un rincones para perderse. Descubrirá pueblos de insuperable belleza, grutas históricas, museos, elegantes villas marineras donde veraneaba la aristocracia, arenales para disfrutar al amanecer, todo ello rodeado de un paisaje eternamente verde. ¿Se lo puede imaginar?
Puede parecer mentira que una franja tan pequeña del litoral pueda acumular tanto valor natural, histórico y artístico como la que discurre entre Santillana del Mar y San Vicente de la Barquera, pero así es. Comience su periplo por la zona, nada más despuntar el día. Es el mejor momento para conocer Santillana, cuando las calles de esta villa, que pasa por ser una de las más bonitas de España, permiten el tránsito solitario y la parada más detenida. Se quedará boquiabierto ante las fachadas de las mansiones señoriales que embellecen la calle del Cantón, algunas convertidas en museos; ante los capiteles historiados de la colegiata de Santa Juliana, el monumento románico más representativo de Cantabria; ante la triangular plaza de Ramón Pelayo, con sus casonas, sus torres medievales y el edificio del Ayuntamiento; pero, sobre todo, ante las tiendas que llenan de sobaos, quesos y quesadas sus escaparates, en una invitación permanente a entrar y probar.
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