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El baño exige tomar precauciones, pues además del suave desnivel de entrada, el oleaje es intenso, el viento fuerte y las corrientes peligrosas. Conviene, por tanto, consultar a los socorristas, si de mojarse se trata. En contrapartida, los atardeceres que aquí se contemplan son memorables, con la isla de la Conejera al fondo.
Liencres es lugar de paso de numerosas aves acuáticas migratorias, como el chorlito gris, el chorlitejo grande o el zarapito trinador, además de refugio de invernación de otras tantas, como el cormorán grande, la garza real o la gaviota patiamarilla. En la actualidad, la playa aguanta los envites de otro tipo de huéspedes: se trata de un público que la masifica los fines de semana de verano, a lo que contribuye una línea de autobús municipal que parte desde Santander y lleva hasta la mismísima arena. Aun así, es un enclave tan soportable como recomendable.
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