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La historia quiso que estos pueblos de frontera fueran escenario de luchas encarnizadas en tiempos de la Reconquista y, siglos más tarde, lugar de interminables querellas con la Corona española. Elvas, el más próximo a España, es un buen ejemplo de aquellas trifulcas. Fue conquistado a los árabes en 1229, pero durante los seis siglos posteriores fue campo de batalla contra las tropas españolas y escenario, las menos de las veces, de endebles tratados de paz. No es extraño, por tanto, que Elvas sea una de las ciudades más fortificadas de todo Portugal.
A partir del siglo XVII, la ciudadela se transformó en la plaza fuerte más emblemática del país. El cinturón de murallas que la aprisiona forma un singular polígono irregular con aparente forma de estrella, cuyo diámetro mayor mide más de un kilómetro. La ciudad queda dentro, aprisionada por siete colosales baluartes, comunicada por cuatro férreas puertas, salpicada de revellines, fosos, falsas entradas, cortinas, bastiones y extensas explanadas que, en otro tiempo, sirvieron como plazas de armas. Fuera quedan los fuertes de Santa Luzia y Nossa Senhora da Graça, y dentro, la praça da República, flanqueada a un lado por la antigua casa consistorial y a otro por la primitiva Sé.
La vieja catedral, consagrada a Nossa Senhora da Assunção, tiene un aire de castillo, matizado por un gran pórtico y un grueso campanario de corte manuelino. Su arquitecto, Francisco de Arruda, también diseñó el acueducto de Amoreira, una de las construcciones más emblemáticas de Elvas con sus 7,5 kilómetros de largo. Las obras dieron comienzo en 1498 y el agua empezó a manar en la fonte da Vila ciento veinticuatro años más tarde, en 1622.
Torre das Três Coroas
Estremoz, en realidad, son dos ciudades: la ciudad alta y la ciudad baja. La más valiosa de las dos es la alta, encerrada por nudosas y oscuras murallas de las que sobresale, como un tótem, la torre del homenaje, un enorme torreón cuadrado de más de 25 metros de altura, conocido por los lugareños como la torre das Três Coroas. Tan singular nombre le viene por los tres monarcas que patrocinaron tan magna construcción: Sancho II, Afonso III y el Rey Dinis, casado con Isabel de Aragón, a la postre santa. En la ciudad alta de Estremoz, Santa Isabel tiene una capilla decorada con hermosos azulejos y un conjunto de pinturas al fresco plasmadas en una bóveda semicircular. La iglesia de Santa María, en uno de los flancos de la plaza, posee capillas de estilo manuelino y retablos de inspiración barroca. El vecino Museo Municipal, uno de los más curiosos del Alentejo, exhibe la colección más original y simpática de «bonecos» (figuritas de barro) de toda la región.
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