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Todo ocurrió muy rápido. Una tarde, las huestes árabes sitiadas al Sur de Portugal hicieron prisioneros a siete caballeros de la Orden de Santiago. Las crónicas medievales aseguran que a la mañana siguiente fueron pasados a cuchillo. Al llegar las noticias al campamento cristiano, dom Paio Peres Correia, maestre de la Orden, prometió vengar su muerte. Lo consiguió allá por 1242, arrasando la ciudad de Tavira y conquistándola, de una vez por todas, para la Corona portuguesa. Una lápida en la iglesia de Santa Maria do Castelo indica el lugar donde éste fue enterrado junto a sus siete leales caballeros. Sin embargo, curiosidades de la Historia, existe otro túmulo en el monasterio de Santa María de Tentudía, al Sur de la provincia de Badajoz, con una inscripción que dice: «Aquí yace el cuerpo de dom Paio Peres Correia». Los historiadores aún se preguntan dónde fue enterrado realmente el conquistador de la ciudad más estratégica del Algarve.
Tavira está situada a ambos lados del río Gilão. Un puente de origen romano une los dos grandes barrios de la ciudadela. El puente formaba parte de la calzada costera que en tiempos de Roma comunicaba Castro Marim y Faro. Durante los siglos XIV y XV, Tavira desempeñó un papel decisivo en la expansión portuguesa hacia el Norte de África. Su estratégica posición no sólo frenó las avanzadillas de la piratería atlántica, sino que ayudó a la conquista de Ceuta en 1415. Mediado el XVI, la Historia le negó el agua y la sal y su declive fue en aumento, hasta que en el fatídico 1755 el terremoto de Lisboa echó por tierra buena parte de sus mejores edificios y enarenó su pujante puerto mercantil.
Hubo que esperar hasta el siglo XIX para que Tavira hallara en la pesca del atún una salida a la crisis. Hoy, desmantelada buena parte de su flota pesquera, mira con añoranza su pasado histórico, pero sigue presumiendo en todo el país de poseer algunos de los más bellos rincones monumentales del Algarve.
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