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Más de cincuenta tiendas
Tras completar el recorrido por este bello pueblo de la Gironde, conviene preparar el gusto y el olfato para gozar de uno de los principales atractivos de la villa: el vino. O mejor, los vinos, dada la variedad de los elaborados bajo la denominación de Saint-Émilion. Y es que aquí todo gira en torno a él, incluidas las más de cincuenta tiendas. Los viñedos y las bodegas —buena parte del subsuelo de la localidad está horadado por galerías donde envejecen las barricas — llegan casi hasta el mismo casco urbano y mantienen una llamativa estructura de la propiedad: pequeños pagos, casi todos menores de siete hectáreas, regentados por la tradición familiar.
Si a lo anterior se le añade la calidad de los suelos y un excepcional clima, se comprende el porqué aquí se elaboran algunos de los mejores vinos del mundo. Antes de abandonar el lugar es obligado conocer alguna bodega —existen numerosas visitas organizadas — o por lo menos, disfrutar con tranquilidad de una copa de uno de sus sedosos y elegantes vinos.
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El Château du Roi, otro de los monumentos históricos del pueblo.
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