|
La ciudad, a sus pies
Pero Granada, a los pies de la Alhambra, guarda otros encantos por descubrir. Uno de los paseos más placenteros es partir de la Plaza Nueva para tomar la Carrera del Darro, a lo largo de la cual se alinean antiguas casas señoriales. Desde aquí, el acceso al Albaicín no tiene pérdida. Sus estrechas y empedradas calles, con sus casas encaladas y la intimidad de los jardines de sus cármenes, evocan su pasado moro. Un pasado que se mezcla y enriquece con las construcciones cristianas que salpicaron la ciudad tras la conquista de los Reyes Católicos. Granada acoge un sinfín de iglesias como las de San Bartolomé, del siglo XVI, o la de Santa Ana, con una bella fachada plateresca; monasterios como el de San Jerónimo o la Cartuja, cuya iglesia se considera una de las más hermosas muestras del barroco español, o su imponente Catedral con la Capilla Real, donde están enterrados los Reyes Católicos. También hay interesantes construcciones civiles como la Chancillería, de 1530. Y es que en cada rincón, cada edificio, cada jardín, cada fuente podemos escuchar el eco del tiempo. Por ello, Granada es y será siempre una ciudad eterna, una ciudad a la que se vuelve con cualquier disculpa.
|