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El segundo patio recibe el nombre de Comares o Arrayanes y está presidido por un estanque donde se refleja majestuosa la arquería que da entrada a la Torre de Comares, que alberga en su interior el llamado Salón de Embajadores, donde el monarca despachaba los asuntos oficiales. La fastuosidad de su decoración a base de mocárabes, azulejos y decoración de atauriques no deja de maravillar. También se abren a este patio los Baños Reales, que ponen de manifiesto el saber vivir de los monarcas nazaríes. Pero es en la parte privada del palacio, formada por el Patio de los Leones y las estancias que lo rodean, donde el arte nazarí alcanza todo su esplendor. La fuente central, sostenida por doce leones, está formada por 124 elegantes columnas de mármol con capiteles finamente decorados con motivos geométricos o vegetales. Tanto la Sala de los Mocárabes, con un techo añadido de época renacentista, como la Sala de los Reyes, con pinturas de tradición cristiana, aportan una influencia occidental; pero la Sala de las Dos Hermanas y la de los Abencerrajes, rematadas por sendas cúpulas de mocárabes, nos hablan del exotismo oriental. Los efectos de luz a través de la decoración de mocárabes hacen pensar que las cúpulas estén suspendidas en el aire.
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