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Desde Palermo el itinerario recorre la accidentada costa tirrena hasta Cefalú que, apiñada sobre un saliente de tierra abrazada por el mar, ofrece una vista impresionante. La silueta de su catedral normanda, fundada por Roger I, se alza sobre las casas del barrio medieval, una auténtica delicia para deambular por sus calles. Esta pequeña localidad posee estupendas playas y aún conserva el encanto de un pequeño puerto pesquero.
No es el caso de Taormina, en la costa este de la isla, uno de los lugares de veraneo más elegantes de Sicilia. Sin embargo, a pesar de la avalancha turística, Taormina sigue cautivando. Construida sobre el monte Tauro, la ciudad domina dos hermosas bahías y en su centro histórico se pueden admirar palacios del siglo XV y XIX o pasear por recoletas plazas. Pero, quizás, lo más famoso sea su teatro grecorromano, desde donde se puede ver el Etna.
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