|
Aguzando la vista no resulta difícil distinguir lo que se conoce como Spaccanapoli, una arteria vial a ambos lados de la cual se extiende el barrio viejo de la ciudad. Su caótico urbanismo es una consecuencia de la propia situación de la ciudad que, construida entre el mar y la montaña, no tuvo más remedio que desarrollarse en altura, de ahí sus características casas apiñadas sobre las colinas que la rodean.
Lleno de encanto y sabor popular, sus estrechas calles son una continua sorpresa, una invitación a pasear, a descubrir. Pequeños comercios, tiendas de antigüedades, y a la vuelta de la esquina una plaza, un convento, una iglesia... Así de imprevisible puede ser la llegada a la iglesia barroca de Il Gesú, a Santo Domingo el Mayor, a San Lorenzo, al Duomo o al Convento de Santa Clara.
|