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El famoso Teatro de San Carlos fue inaugurado por Carlos III en 1737.
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Interior de la Galería Umberto, construida en el XIX.
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Corría el año 1921 y el destino o la casualidad, ¡quién sabe!, quiso que este gran mito de la ópera recibiera su homenaje póstumo a muy pocos metros del que fuera uno de los teatros más importantes del mundo: el Teatro de San Carlos, inaugurado por Carlos III en 1737. Aunque los tiempos actuales no hacen justicia a su gloriosa historia, es uno de los más antiguos del continente (más que la Scala de Milán y La Fenice de Venecia) y durante muchos años colocó a Nápoles como la capital de la música europea. Merece la pena visitarlo; su exquisita sonoridad, su esmerada y suntuosa decoración nos trasladan con la imaginación a esas memorables noches de estreno en las que un Verdi o un Rossini asistían expectantes a la reacción del exigente público napolitano.
Muy cerca está la bulliciosa vía Toledo. Aunque no tiene nada especial que ver, salvo multitud de tiendas y el ir y venir ajetreado de su gente, se puede hacer una pausa para disfrutar de un buen café o un delicioso helado en dos terrazas típicas. Una de ellas es la Galería Umberto, cuya estructura de hierro y cristal responde a los gustos arquitectónicos de finales del siglo XIX; la otra en el Café Gambrinus, ambas de inequívoco ambiente y sabor decadentista y antaño lugar de encuentro de famosos artistas e intelectuales.
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