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Santanderino de nacimiento y de corazón, Ángel Schlesser es un apasionado de su ciudad, para él, como no podía ser de otra manera, una de las más hermosas de toda España. Y le apasiona por su espíritu, por su bahía, por su gastronomía, por su innata elegancia, un concepto, no hay duda, muy vinculado al mundo de la moda, su auténtica pasión. No son pocas las veces que el modisto ha paseado por El Sardinero y que se ha instalado en el Hotel Rhin, uno de sus favoritos, muy cerca del mar.
Es ésta una ciudad asomada al mar, en la que una de las primeras cosas que sorprende es su entorno, siempre verde, santo y seña de las regiones del norte de la Península. Y frente al verde, el azul de un Cantábrico que se despliega majestuoso en la bahía, una de las más bonitas de España. Santander es una ciudad con cierto aire burgués, elegante y aristocrático. Pero, adaptándose a los nuevos tiempos, la ciudad ha ido ganando vida y esconde todo un universo de posibilidades en el que disfrutar.
El viajero que acude a la capital de Cantabria tiene una serie de citas ineludibles en diferentes puntos de la ciudad. Una de ellas, tal vez la más destacada, se encuentra en la Península de la Magdalena, donde se encuentra el palacio del mismo nombre, elevado sobre el mar y rodeado, otra vez, por un entorno verde que invita al paseo. El palacio es hoy sede de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, y fue un regalo que hizo en 1912 el pueblo de Santander al Rey Alfonso XIII. No hay que olvidar que la familia real, así como un buen número de familias de la nobleza española, elegían Santander para veranear en las primeras décadas del siglo.
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