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Vista de Tui desde la fortaleza de Valença Do Minho.
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Imagen de la fortaleza de Valença Do Minho.
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Imagen de una de las puertas de la fortaleza.
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Todo en Valença do Minho es puro contraste. Quizá ese sea su particular encanto. Es más, ya en sus primeros años 梩ras la coronación de Sancho I a finales del siglo XII a la ciudad se la conocía por el nombre de Contrasta, debido a su rival posición con la gallega Tui. Y aún hoy, ocho siglos después, los portugueses y españoles se enfrentan a dos modos de vida radicalmente distintos con el verdoso Miño por testigo.
A lo largo de los siglos, Valença ha tenido que protegerse de invasiones árabes y otros entuertos bélicos, pero su dominante historia no comenzó a escribirse hasta el siglo XVII. Fue entonces cuando la ciudad 梡unto clave en la defensa de la provincia del Minho se convirtió en plaza fuerte con la construcción de una de las principales obras de la arquitectura militar gótica y barroca del país, inspirada en los principios del arquitecto francés Sébastien Le Pestre, señor de Vauban, allá por 1643. Aunque sus primeros muros se levantaron en el siglo XII, su actual recinto fortificado se reforzó en el XVIII, creando dos cuerpos inexpugnables en forma de corona, que bien debían guardar discretos encantos, teniendo en cuenta el celo que pusieron en custodiarlos.
El valor estratégico de las fortificaciones de Valença fue tal en Portugal que sólo Almeida y Elvas admiten comparación. Sus cuatro puertas de acceso Coroada, Gaviarra, Fonte da Vila y Sol son hoy paso de turistas con cámaras y bolsos al hombro. Por no hablar de las principales, las Portas do Meio, que unen la Coroada con A Praça, el recinto magistral, a través de un puente que delimita un foso y de un largo arco abovedado. En la actualidad son testigos pétreos de los grandes atascos que produce la entrada a la ciudadela de un ejército de vehículos motorizados que aparcan donde ven. Y, claro, el gran «error» del señor de Vauban y sus coetáneos fue no pensar que los caballos de los señores feudales iban a ser sustituidos por una desmesurada industria automovilística capaz de conquistar cualquier fortaleza por muy doblemente reforzada que ésta estuviera.
PINTORESCAS CALLEJAS ESTRECHAS
Pero paseando, Valença es otra historia. Rodeada por diez baluartes y cuatro revellines, cada recinto circunscribe un barrio autónomo multicolor con pintorescas callejas estrechas de cantos rodados, iglesias, tiendas y casonas. Entre calle y calle, siempre se puede tomar aire fresco en el perímetro, recorriendo el adarve para saludar a los españoles de Tui con el Miño como testigo 梤emanso de una paz que no siempre fue aquí una constante o acercarse al flanco Norte para ver antiguos cañones que, aún en posición, fueron testigos de un pasado bélico de cuidado.
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