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La Laponia noruega es un mundo de hielo y nieve, cargado de misticismo y tradiciones centenarias.
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| Los meses de enero y febrero son dos de los más fríos del año, y quizá, los que menos invitan a hacer viajes largos a los países del Norte. Sin embargo, esta época es idónea para descubrir uno de los rincones más bellos del planeta: la región de Sáapmi, más conocida como Laponia, que se extiende por el norte de Noruega, Rusia, Suecia y Finlandia, más allá del Círculo Polar Ártico.
Numerosas agencias de viajes organizan recorridos ya preparados para descubrir con todo lujo de comodidades los confines del mundo: en un lugar donde la noche es eterna y las temperaturas rozan los 20ºC, se hace necesario llevar un buen guía que nos encamine hacia los destinos más interesantes de este fascinante y misterioso rincón del planeta. Uno de estos recorridos, a través de la Laponia noruega, tiene su punto de partida en la dinámica ciudad de Tromso, popularmente conocida como 抏l París del Norte, que está considerada como la puerta de entrada al Polo. Rodeada de hermosos picos nevados, la ciudad destaca por su ambiente juvenil y desenfadado, y por su catedral Ártica, que además de poseer una curiosa estructura en forma de cabaña blanca, está considerada catedral la más septentrional del mundo.
Muy cerca de Tromso, en la vecina isla de Kvaloya, es posible disfrutar de una experiencia única: pasear a través de bellos y silenciosos paisajes nevados a bordo de trineos tirados por perros husky. Durante las noches polares, la experiencia se torna casi mística. Los fenómenos lumínicos provocados por la refracción de la luz al incidir en la nieve boreal, genera impresionantes ambientes cargados de misterio, y es habitual escuchar historias tradicionales de la cultura Sami que hablan de duendes, hadas y gnomos nórdicos.
A través del gélido mar de Noruega se accede también a las regiones de Hammerfest y Honningsvag, desde donde es posible realizar interesantes excursiones hacia el Cabo Norte, un inhóspito acantilado desde donde se contemplan los confines del planeta, y uno de los puntos claves para observar el 'sol de medianoche' durante los primeros meses de verano. Otro lugar imprescindible a la hora de recorrer la Laponia noruega es Kirkenes, un peculiar pueblo lleno de contrastes, que linda con las fronteras de Rusia y Finlandia, y donde se fusionan la cultura del este y del oeste. Son muy habituales las jornada de pesca del cangrejo gigante, los safaris a bordo de motos de nieve, o las excursiones en canoa hasta la frontera rusa.
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Hurtigruten
Oficina de Turismo de Noruega: Laponia
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